viernes, 17 de junio de 2016

Víboras

Se acerca el verano y con el llega uno de los mayores peligros para los perros… las víboras.

En la Península Ibérica encontramos tres especies de víboras, cada una con sus subespecies. La más frecuente es la víbora hocicuda (Vipera latasti); es la que tiene  el veneno menos tóxico, aunque igualmente peligroso porque es la que más cantidad puede inyectar. Es la víbora que más ataques a humanos produce en España.



La más peligrosa de todas es la víbora áspid o víbora del pirineo (Vipera aspis).  Habita en terreno rocoso, pedregoso y soleado, bosques abiertos y matorrales.




Por último, nos encontramos a la víbora de seoane o cantábrica (Vipera seoanei). Le gusta calentarse al sol, por lo que se la puede encontrar en claros y caminos.




Las tres especies de víboras cuentan con diferente distribución a lo largo de la Península, pero en Burgos podemos encontrarnos con cualquiera de las tres.


A lo largo del año, tienen un periodo prolongado de actividad y otro periodo de hibernación. El periodo de actividad comienza a mediados o finales de marzo, cuando las temperaturas comienzan a suavizarse, y se prolonga hasta finales de octubre cuando el descenso de las temperaturas anuncia la llegada del invierno (son animales de sangre fría).


Síntomas de una Picadura

En los perros las picaduras de víboras se suelen producir en el hocico o en las patas. El animal suele quedarse entristecido, les hay que chillan en el momento de la picadura e incluso pueden llegar a desmayarse. En ocasiones, durante los primeros minutos / horas puede aparecer salivación, náuseas, letargo, respiración poco profunda, amoratamiento de la zona, hinchazón, dolor en la zona de la mordedura… Si observamos a nuestra mascota detenidamente encontraremos dos pequeños orificios característicos de la picadura de una víbora; alrededor de ellos la sangre no coagula, al contrario, si pasa el tiempo la herida irá complicándose.


Qué hacer

En caso de que nuestro perro sea mordido por una víbora (sin importar su tamaño), debemos de intentar tranquilizar al perro y parar de inmediato todo tipo de actividad física  ya que un mayor ritmo cardíaco las toxinas se repartirán más rápidamente por el organismo. Acudir rápidamente al veterinario es el siguiente paso. Es muy importante reaccionar con rapidez; cuanto más rápido se acuda al veterinario y se administre la medicación, mejor será el diagnóstico y la recuperación.


Qué no hacer


Y lo que nunca se debe hacer… es todo lo que siempre hemos visto en las películas: no manipular la herida, no absorber el veneno, no realizar cortes alrededor… En definitiva: sentido común, tranquilidad y rapidez a la hora de acudir al veterinario, salvarán la vida a nuestro perro en esta situación.



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